¿Espárragos trigueros del Perú o de consumo local? O cómo el consumo puede ser transformador

Psicoloco

En los últimos años parece que está aumentando progresivamente la sensación de la inutilidad de la participación política tradicional (partidos políticos, sindicatos…), después de la esperanza que supuso la transición. Mucho factores y muchos análisis se han hecho respecto a la responsabilidad de la ciudadanía y de nuestros líderes tradicionales al respecto y no entraré hoy en este tema.
Empieza a haber movimientos ciudadanos que quieren reapropiar la polí­tica al pueblo, dándole significado a la etimología de la palabra democracia. El movimiento 15-M, las protestas contra los recortes en nuestros derechos sociales… Son movimientos prometedores de regeneración, pero a los que aún les falta largo camino para consolidarse y construir una alternativa real al actual sistema. También hay organizaciones políticas y sindicales más o menos tradicionales o nuevas que tienen un discurso renovador en lo político y/o en lo económico actuando dentro del sistema político actual.

También hay otra forma de transformación socal más allá de la participación política tradicional. El consumo crítico y responsable. Dado que el liberalismo político impernte cada vez deja menos espacio a la participación política y más a la libertad de consumo, tenemos la potencialidad de transformar la sociedad día a día mediante un consumo consciente y crítico, responsable y transformador (http://opcions.org/es/blog/consumo-consciente-transformador). El consumo crítico es plantearnos qué necesitamos realmente antes de comprar, es decidir comprar, cada persona dentro de sus posibilidades, siguiendo criterios ecológicos de producción y transporte (si más cercano, mejor) y sociales de producción (qué condiciones laborales tienen las personas que han intervenido en la elaboración del producto y qué capacidad de decisión tienen sobre éstas). El consumo responsable puede tener un padre ideológico en el decrecimiento (http://es.wikipedia.org/wiki/Decrecimiento), teoría en la que hoy no entraré.
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¿Por qué es un consumo consciente? Porque supone pensar qué estás comprando (su origen, sus componentes, su modo de fabricación) antes de comprarlo… teniendo en cuenta las condiciones sociales, laborales y ecológicas de fabricación. Elegir consumir fruta y verdura ecolígica y de temporada, producida cerca de donde vivimos y comprada directamente a la persona productora (en el mercado, mediante grupos de consumo…) tiene unas implicaciones económicas, sociales y ecológicas que consumir, parafraseando a Danza Invisible, Naranjas en agosto y uvas en abril en la gran superficie comercial. Ésta última es importada de un lugar a miles de kilómetros de distancia, sin tener en cuenta las condiciones laborales de quien lo podujo y de la persona que trabaja en la gran superficie de acá.
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Es consumo crítico porque no compramos sin pensar, sino buscando saber qué compramos y qué no. Es lo contrario de la compra compulsiva o de seguir las modas porque sí. Es decidir si realmente quiero estos pantalones o no, si los necesito o no y si asumo que sean baratos porque han sido producidos en condiciones de semi-esclavitud en Asia y su algodón se ha producido en grandes plantaciones con grandes consumos de agroquímicos; o si, por el contrario, prefiero comprar sólo la ropa cuando la necesito y, pagando su precio justo, sé que su producción ha tenido en cuenta unas condiciones laborales y sociales dignas y ha tenido una menor repercusión ambiental.
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Es responsable porque se basa en un elección voluntaria, consciente y crítica, porque favorece proyectos donde se tiene en cuenta el coste social y ambiental del producto. Eligiendo consumir energía eléctrica renovable aumento la demanda en el mercado de ésta y promuevo la soberanía energética de nuestra sociedad y castigo las energías sucias, que además nos hacen dependientes energéticamente de otros países y están llevando a guerras aún más sucias (véase Irak, Afganistán o Libia).
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Y, muy importante, es transformador porque nos permite, con nuestro consumo diario, favorecer empresas y modelos de producción más socialmente y ecológicamente sostenibles. Comprar lo producido cerca minimiza el coste ambiental del transporte a miles de kilómetros. Comprar el producto de la zona aumenta la diversidad de la producción y da vida a la pequeña producción frente a los grandes etensiones. Comprar a una cooperativa fomenta mecanismos empresariales democráticos y más horizontales.
Todos los días, con el consumo eliges, votas, qué tipo de modelo productivo quieres (si la cooperativa y/o la pequeña empresa familiar cercana o la la gran compañía y la intermediación, que se enriquece sin añadir valor al producto). Tiene una repercusión inmediata y constante.
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Además, con frecuencia es más democrático, ya que, como consumidor/a puedes participar, puesto que muchas de las organizaciones de consumo responsable y crítico se organizan de forma asamblearia y cooperativa.
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Es más sano, porque el producto es, a menudo, más ecológico y natural.
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Y les toca a los grandes poderes económicos donde más les duele, en los beneficios que reciben.
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Cada vez tenemos más opciones para, dentro de nuestras posibilidades, decidir consumir cercano, a cooperativas, a pequeñas empresas. No es lo mismo comprar en el mercado, en la tienda de la esquina o incluso en uno de los múltiples grupos locales de consumo ecológico que cada vez afloran más (los de Barcelona se pueden ver en http://esthervivas.wordpress.com/2010/01/19/grups-i-cooperatives-de-consum-agroecologic-a-barcelona/) que en la gran superficie comercial. La distribución del beneficio en un caso es mayor y en el otro más concentrada en pocas manos.
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Las financias son también otro campo donde está habiendo cada vez más opciones de inversión ética (http://www.fets.org/). Hay cooperativas de crédito como Coop57 (http://www.coop57.coop) donde podemos participar y poner nuestros ahorros, sabiendo que podemos decidir en qué se ponen y que no se utilizarán para inversiones tan “nobles” como la industria armamentística, la especulación con la deuda soberana, la especulación con los alimentos u otros fines bienintencionados con los que la banca tradicional intenta mejorar sus cuentas. También existe banca que sólo invierte en economía productiva, no financiera, y en empresas con sentido social y/o ambiental, como Triodos (http://www.triodos.es) o Fiare (http://www.proyectofiare.com/web/), que además funciona en regimen de cooperativa de forma que no eres cliente sino socio/a.
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Desde hace unos meses, también podemos participar en la Cooperativa que nos lleve a casa energía verde a un precio equivalente al de las grandes compañías. Som Energia (http://www.somenergia.coop/), mediante su web, y con la misma facilidad que cambiarte de empresa de móviles, te permite hacerte socio/a, cambiar el suministro eléctrico, participar en la cooperativa e invertir en energías renovables siguiendo criterios de energía renovables. Con un año de existencia, ya somo más de 2100 personas socias en todo el estado, a muchas de las cuales ya nos suministra Som Energia energía verde.
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La página web consumpedia (http://consumpedia.org/es) y la revista Opcions (http://opcions.org/es) nos ayudan a pensar respecto al proceso de producción y compra producto por producto (bombillas, colchones, ordenadores, muebles de madera…). Y diferentes páginas web, cono la de la Fundación Terra (http://www.terra.org/html/s/servicios/), tienen un listado de empresas y productos ambiental y socialmente responsables.
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Y hay muchos más ejemplos de posibilidades de transformar la sociedad desde el consumo. El consumo crítico es, en cualquier caso, una alternativa potente e inmediata de transformación personal y social. Personalmente, me deja muy tranquilo saber que lo que pago de electricidad va a fomentar la producción de electricidad verde y no a una empresa que presiona al gobierno para alargar la vida de centrales nucleares obsoletas mientras pide que se acaben las primas a las energías renovables… y que mis ahorros no sirven para especular con la deuda soberana de nuestro estado sino para financiar un proyecto de producción agrícola verde en una área rural con riesgo de despoblación,… y que mis pantalones no hacen más rico al Sr. Amancio Ortega sino que mejoran la vida de un agricultor de algodón orgánico,… y podría serguir con multitud más de ejemplos.
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Porque, ¿qué es más importante, comer todos los días en restaurante salmón importado de Chile para cuya elaboración se han multitud de antibióticos y se han privatizado áreas donde antes pescaban gente de la zona? ¿O comer en casa pescado fresco comprado en el mercado y capturado en un puerto cercano mediante técnicas artesanales? ¿Necesitamos todos los lujos materiales que tenemos a costa de otras personas y del medio ambiente? ¿Hay libertad real en el consumo compulsivo e inconsciente? ¡Tú decides!