¿El milagro de Rajoy?

Lobisón

Mientras el agujero negro de la deuda griega amenazaba con engullir también a España y a Italia, Aguirre y Cospedal, con esa admirable disciplina comunicativa que cultiva el PP, salieron a decir que lo que España necesitaba era un anticipo electoral y un nuevo gobierno que restableciera la confianza en la economía española. El propio Rajoy envió un mensaje en el que respaldaba la solidez de nuestro país y recordaba que existían personas preparadas que podían restaurar la confianza en él. Adivinen a quién se refería.

La idea suena cómica pero tiene una base real: la incertidumbre política puede hacer que los inversores nacionales pospongan sus decisiones o que los inversores internacionales duden de la capacidad de los gobiernos para sacar adelante sus programas económicos. Pero este razonamiento tiene sus limitaciones. Una vez que la derecha portuguesa formó nuevo gobierno, la embestida de Moody’s ahuyentó a la famosa confianza de los mercados (el hada de la confianza, en expresión de Paul Krugman).

El problema es que existe un agujero negro, no sólo gobiernos con problemas de confianza en los mercados. Si no se resuelve el problema de la deuda griega (y de la irlandesa, por cierto), los países del sur de Europa seguirán teniendo problemas de credibilidad sea cual sea el signo de sus gobiernos. Portugal pagó un precio alto por la decisión de la derecha de tumbar el plan de ajuste del socialista Sócrates, obligando al país a solicitar el rescate europeo, pero ha ganado muy poco en credibilidad ante los mercados, y es vulnerable ante los dictámenes de las agencias de calificación, por mucho que su gobierno sea sólidamente conservador.

Por otro lado, la pésima opinión que la derecha española tiene de Zapatero no debería llevarla a ignorar que las actuales líneas de actuación del gobierno español tienen amplio respaldo internacional, y que Rajoy no suscita demasiado entusiasmo entre sus colegas conservadores, probablemente porque también ellos sospechan que su único programa es anticipar las elecciones. Quizá un hipotético gobierno del PP intente someter a cirugía mayor al Estado de bienestar, pero las ventajas económicas no serían evidentes, y los costes para los gobiernos autonómicos serían muy altos. Porque son las cuentas de las autonomías las que suscitan dudas actualmente, y la sanidad y la educación son competencia autonómica.

La economía española depende hoy de que se dé una salida clara a la crisis griega y de que siga la recuperación lenta del crecimiento. No estamos en los años noventa, y no cabe esperar un crecimiento espectacular con la reducción del déficit. Por el contrario, un ajuste brutal nos puede llevar a retroceder de nuevo, metiendo al país en una espiral a la baja como la griega, o como la que en 2001 padecía Argentina.

Dicho de otra forma, si Rajoy consigue formar gobierno no es probable que se asista a una rápida recuperación que le permita decir, como Aznar, ‘el milagro soy yo’. A lo más que puede aspirar es a que se produzca antes ‘el milagro de la UE’: que con una Alemania en Babia y sin un liderazgo claro, se consiga (milagrosamente) llegar a un plan claro y creíble para salir del agujero negro griego.