¿Dos Europas o más?

José D. Roselló

¿Cuán distintos y por qué son los países que componen la Zona Euro? ¿Cuánto hay de prejuicio y cuánto de fundamento? Hay estudios profundos sobre la materia, aproximando el asunto desde muy diferentes ángulos. Lo que viene a continuación no pretende parangonarse con todo lo más serio que sobre el tema se ha escrito, pero sirve como una revisión del panorama que puede o confirmar algunas ideas o contradecir algunos argumentos.

Hay muchas fuentes de dónde obtener datos comparables de las realidades económicas Europeas: PIB, datos de exportaciones o de importaciones, datos fiscales etc. Hay una de ellas que se usa relativamente poco y que en cambio tiene la gracia de reflejar algo tan cotidiano y comprensible como en qué se gastan el presupuesto familiar los hogares de cada país. Estas encuestas de presupuestos familiares son las que se usan como base para calcular los IPC respectivos, y miden qué porcentaje de la renta familiar se destina a una serie establecida de grupos de gasto caracterizados por su finalidad. (Grupos COICOP).

Mostrando en qué nos gastamos los dineros los hogares de cada país pueden hacerse suposiciones fundadas sobre algunos aspectos de la economía en general; hay factores geográficos, orográficos, demográficos, regulatorios y de costumbres que se reflejan en cómo gastamos, y por ende, en cómo vivimos.

Como se puede ver en el gráfico de arriba, los hogares de la Zona Euro se dejan, en media, cerca de la mitad de su gasto en 3 apartados, gastos relacionados con el alojamiento y su mantenimiento, transporte –incluido el privado- y alimentación excluidas las bebidas alcohólicas (o sea, en comer, sin vicios y sin restaurantes).

El campeón en gastar en sus casas y en mantenerlas es Alemania, dónde las familias se dejan más del 20% del presupuesto familiar en gastos relacionados con el hogar como alquileres electricidad, calefacción etc. La intensidad de gasto sigue una tendencia bastante clara de Sur a Norte, por lo que parece que el frío tiene bastante que ver, aunque por supuesto hay otros elementos que determinan este fenómeno, por ejemplo el precio de la electricidad, los impuestos ligados a ella, etc. Los países que menos gastan en sus casas son Malta y Grecia; en general, los países mediterráneos gastan menos que la media de la zona.

En el gasto en comida el campeón europeo es España. Siempre se ha dicho que la comida es un “bien inferior”, es decir, que cuando crece la renta, el porcentaje que se destina a ella tiende a ser menor. En cierta manera este argumento podría sostenerse, ya que Luxemburgo, el país con mayor renta per cápita de la Eurozona, es el que destina, por hogar, el menor porcentaje de gasto a estas cosas. Alemania es el siguiente que menos gasta. No obstante, la evidencia aparece menos clara mirando la distribución entera: hay países ricos dónde los hogares gastan más que al media en comer (Francia e Italia, por ejemplo), y países menos ricos dónde el gasto está por debajo de la media. Una vez más pueden pesar ciertos factores adicionales, como por ejemplo la cultura gastronómica de las distintas sociedades.

El grupo del Transporte es un claro ejemplo de la multitud de factores que pueden afectar a un gasto determinado. En el primer puesto aparece Luxemburgo. ¿Cómo es posible que en un país de un tamaño escaso y una orografía amable el gasto en transporte acapare más del 20% del presupuesto familiar? Evidentemente entran mucho en juego asuntos como la disponibilidad de una red pública capaz de proveer servicios alternativos, en los que viajan los ciudadanos diariamente (y Luxemburgo es un país caracterizado por tener residentes que trabajan en países limítrofes) y, muy importante, la imposición sobre los carburantes. Esto explicaría en parte que un país de orografía compleja, extenso y de poblamiento disperso, como España, sea el que menor presupuesto familiar destina a esta materia. El gasto en carburantes en España es elevado por las anteriores razones, sin embargo la relativamente baja imposición sobre estos matiza el efecto de la extensión, la orografía y la preferencia por el transporte privado.

Habiendo examinado el “primus vivere”, que decían los antiguos romanos, pasemos al gasto más divertido y banal  Ocio y cultura, Hoteles y restaurantes y Vestido constituyen casi un 30% del gasto familiar de la Zona Euro.

En este caso puede verse que el campeón del gasto en Ocio y cultura es Austria. Centro y Norte de Europa dominan la cabeza de esta clasificación. A la inversa del razonamiento realizado con la comida, el ocio y los gastos relacionados con él suelen definirse como bienes de lujo, es decir, el porcentaje que ocupan en la renta crece cuando lo hace esta. Con algo de maldad podría esgrimirse, no obstante, que Angela Merkel quedaría algo amostazada viendo que los “viva la virgen” del sur de Europa se gastan el dinerito en comer, mientras que los probos centroeuropeos se lo gastan en pasarlo bien.

En el siguiente grupo, Hoteles y Restaurantes, quizás pudiera en cambio encontrar apoyo ese prejuicio de la Europa solar y dicharachera frente a la más seria Europa norteña. Efectivamente, los países ribereños del Mediterráneo presentan una propensión mayor a dejarse presupuesto familiar en estos establecimientos. El factor cultural de cómo se vive el tiempo libre parece muy definitorio y también la densidad de la red hotelera. Hay casos llamativos. Por ejemplo, el líder de la Eurozona en gasto en restaurantes, cafeterías, etc., es Irlanda. El que menos (Frau Merkel, va por usted) es Alemania. Sin embargo, si se observa el gasto hotelero, nos encontramos a la cabeza con Malta e Italia (donde posiblemente el precio se vea muy influido por la densidad turística no acompasada de una oferta hotelera lo bastante amplia) y a la cola están Finlandia, España y Holanda. En el caso de España, sin duda, influido por factores como la propensión a la modalidad de segunda vivienda o alquiler playero, pero también por la profundidad de la infraestructura hotelera nacional.

Por último, el grupo de Vestido y Calzado. Solo un comentario breve. Italia lidera con diferencia el porcentaje de gasto. Sí, en este caso la fama de buen gusto al arreglarse aparece acreditada por las cifras, siendo luxemburgueses, portugueses y franceses los más “casuales”. Sin duda aquí se entremezclan argumentos en torno a la imposición indirecta junto con los meramente culturales.

Es curioso que gastos aparentemente claves como Salud y Educación, aparezcan junto con otros, ocupando una parte muy pequeña del presupuesto familiar medio de la Zona Euro. La correlación con que muchos de estos servicios son de naturaleza pública y universal es clara; si se hiciese la comparación con otras zonas del mundo, sin duda este retrato estaría alterado.

Para finalizar, las conclusiones anteriores deben tomarse con cierta distancia. El grado de complejidad y heterogeneidad de factores asociados es alto, y el presente artículo no debe considerarse más que un ejercicio relajado de contemplación de las cifras. Algunas veces el hecho de disponer de datos permite ejercicios a medias entre el divertimento y el razonamiento económico.