¿Cuánto duran las vacas flacas?

Sicilia

Tras meses de arduo debate parece que se ha llegado a un consenso entre los economistas ortodoxos, los heterodoxos, los iluminados, los expertos, los mediopensionistas y el grupo más importante de todos, los tertulianos, sobre cuales son las causas de la crisis actual. Felicitémonos, consenso no es unanimidad o uniformidad, pero por lo menos es algo.

 

Por cierto, confieso que yo no sabría bien en que grupo de los anteriores incluir ya al FMI, teniendo en cuenta que su Presidente la semana pasada se arrancó sugiriendo que él estaba “por una acción con dinamita” contra los paraísos fiscales. Jamás se había visto tal ardor guerrero en un cargo de relevancia económica desde que el Che Guevara fue nombrado Gobernador del banco central de Cuba, y creo que este último nunca usó retórica tan brava mientras ocupó el cargo.

 

No hay que descartar tampoco que hubiese salido de una reunión con el dimitido ministro de Finanzas japonés, donde hubiese corrido el vino de arroz en abundancia. Yo me decanto, por aquello de no acusar a nadie de dipsómano, que es de muy mal tono, por explicarlo mediante la conocida ardiente fe de los conversos. Se empieza diciendo que el gasto público no es tan malo y ya ven como se acaba, “Hasta la victoria siempre”, ¡Que tiempos convulsos!

 

El caso es que, humoradas aparte, el siguiente debate que se abre es sobre cómo de profunda y extensa va a ser esta crisis. Los datos conocidos hasta la fecha señalan que la envergadura del problema es muy grande, lo cual es incuestionable, lo discutible es la elevación al grado de deporte del encontrar el referente de comparación más tenebroso. Parece ser que las crisis de principios de los 90 y principios de los 80 se han quedado cortas, o aburren y nos vamos con derechura a usar enunciados del tipo “la peor desde la segunda guerra mundial”, en plan parangón.

 

Cincuenta millones de muertos entre militares y civiles, Europa y Japón en ruinas de las de verdad, cohortes generacionales en sus épocas mas productivas diezmadas… bueno… creo que pueden encontrarse datos objetivos para sostener que la presente situación mundial es, al menos ligeramente, mejor que aquella, pero hasta esto es ya opinable según a quien pregunte uno. Menos mal que aún queda otra guerra con la que compararse aunque, al ritmo que vamos, no sé si tardaremos tres semanas en sacarla a pasear. Detrás de eso ya solo se me alcanzan la invasión de Roma por los hunos o la extinción de los dinosaurios. Supongo que dependerá del tertuliano de turno.

 

Corren ríos de tinta y se gasta saliva generosamente en marcar la posición en el debate anterior. Bien con atrevimiento, bien para ponerse de perfil. Se habla mucho, se dice menos y poquísimas veces se apoyan los argumentos utilizados. Como en muchas ocasiones, los que más hablan son lo que menos saben, fundamentalmente porque los sabios saben que en tiempos como este es muy fácil equivocarse. Los modelos, mitad estadísticos, mitad económicos, que se usan para hacer estas cosas, funcionan mal en los periodos de cambios de tendencia y aun el dato más rigurosamente extraído puede verse en entredicho pasado mañana a tenor de nueva información recibida.

 

Es comprensible, por tanto, que haya un grado alto de incertidumbre, mucho silencio y, a la vez, mucho ruido. Sin embargo, aunque la incertidumbre sea máxima, no significa que no haya referencias en el pasado de las que se pueda extraer algo de información. Puede usarse, por ejemplo cuánto han durado crisis anteriores.

 

Los datos que se muestran a continuación provienen de la evolución del PIB de los 4 países mostrados desde los años 70. En este periodo se han vivido al menos dos o tres coyunturas críticas antes de la presente, la de finales de los setenta (primer shock del crudo), la de principios de los 80 (segundo shock del crudo), la de principios de los 90 y varias coyunturas desfavorables de menor intensidad, llámense crisis de las “puntocom” o turbulencias financieras en distintas regiones del globo.

 

Hay que dejar claro que ninguna de estas crisis es igual a la anterior y, a su vez, ninguna de las anteriores es igual a la presente. No se pretende hacer abstracción de este hecho, pero, al menos, los tres primeros episodios mencionados son choques fuertes y puede verse cuánto tardaron las respectivas economías en recuperarse. Dichas experiencias sirven como punto de referencia, o escala de comparación, no se asume ninguna semejanza más entre la situación presente y las pasadas, salvo que la de ser “crisis grandes”, y por supuesto, las conclusiones no pretenden tener validez científica alguna.

 

 

(*) Dos trimestres con crecimiento negativos consecutivos para empezar a contar

(**) Crecimiento respecto al mismo trimestre del año anterior inferior a 0,66 veces el promedio desde 1970

 

 

 

Hay un solo criterio objetivamente admitido en el mundo para definir una crisis económica. Este criterio se denomina “recesión” y se define como dos trimestres consecutivos con la economía decreciendo en términos reales respecto del trimestre anterior, o dicho de otra manera, dos trimestres con tasa de crecimiento intertrimestral negativa. Este criterio tiene la ventaja de ser inequívoco, y universalmente aceptado.

 

Por desgracia tiene la desventaja de ser muy estrecho, una economía puede presentar una evolución desfavorable en muchas de sus variables relevantes (crecimiento, empleo, inflación, paro etc) durante un periodo de tiempo largo, y sin embargo no cumplir el criterio de “estar en recesión”. Entonces está claro que para intentar acercarse más a medir cuanto dura “de verdad” una crisis, es útil usar un concepto menos estrecho que “crecimiento negativo” estricto y algo más similar a “ir la economía mal”.

 

El que se presenta aquí es uno de los muchos posibles y no pretende ser el mejor, pero cumple con el objetivo deseado, y además tiene el pertinente lazo con la teoría. A una economía no solo le va mal cuando tiene el crecimiento intertrimestral negativo, sino que le va mal cuando sus variables crecen poco en términos interanuales (es decir, comparando con el mismo periodo del año anterior). Por ejemplo, en España en el año 78-79 hubo tres trimestres de crecimiento negativo, pero el desempeño económico fue muy mediocre durante un periodo muy superior, de hecho tan superior que se unió a otros tres trimestres e crecimiento negativo tres años después. Durante 20 trimestres, cinco años, la economía española estuvo creciendo poco y aumentando en paro, como recordarán mejor los que en esa época tuviesen uso de razón.

 

El umbral numérico para considerar un crecimiento como “bajo” o “alto” es el problema en este caso. Cada economía tiene, por su estructura subyacente, ciertos umbrales a partir de los cuales se generan dinámicas dañinas o virtuosas. Como ejemplo se puede comparar a Alemania con China. Para Alemania un crecimiento de su PIB del 3% le puede llevar a tasas de empleo record, a reducciones significativas del paro y a situaciones cercanas al equilibrio presupuestario en sus cuentas públicas. En China, si crecen al 3%, crean decenas de millones de parados y los sitúa en puertas de un problema social mayúsculo.

 

Este “crecimiento bueno” para la economía se denomina “crecimiento potencial”. Tiene al menos un par de definiciones muy técnicas y estrictas y un par de metodologías complejas para calcularlo. Muy burdamente, pero a cambio de lo burdo, más comprensible, puede decirse que se parece de manera razonable a la media de crecimiento de una economía en un periodo largo. Cuando una economía crece a su ritmo potencial, es bueno, digamos que es un crecimiento cómodo y feliz. Cuando crece muy por encima de su potencial puede ser bueno, pero también pueden crearse ciertos desequilibrios y fricciones no deseables. Cuando crece muy por debajo de su potencial es muy malo y, por ejemplo, se incrementa el paro. Lo relevante de este crecimiento malo es que puede ser perfectamente de cifras positivas. En el ejemplo mostrado se ha optado por usar en cada país un umbral equivalente a dos terceras partes de su tasa de crecimiento medio, si el dato es inferior a tal umbral, se caracteriza como crecimiento “bajo”. Como se puede observar, así los periodos de crisis registrados son más largos y se parecen algo más a los periodos tal y como los vivimos las personas.

 

Usando el concepto de “recesión”, las crisis más largas registradas hasta ahora no superan los 5 trimestres (no es poco). Sin embargo, usando el concepto mas laxo de “crecimiento bajo”, vemos que se acotan periodos de 9, de 11 y 20 trimestres en algún caso. Aunque en algunas ocasiones los resultados usando ambas medidas se acercan, por ejemplo, el Reino Unido y Estados Unidos en la recesión del 81, la relación entre ambas medidas suele ser del doble, aproximadamente.

 

Este pequeño juego numérico no vale en absoluto para prever nada, pero si valiese, que no lo hace, podríamos decir que, a tenor de lo vivido, a finales de 2009 tendríamos un crecimiento intertrimestal positivo. Para dilucidar la salida total de la crisis se precisa un criterio más amplio. ¿Cuándo se sale de una crisis? Está claro que en España si preguntamos a Soraya Sainz de Santamaría nos dirá que cuando “Zapatero se vaya al paro”. Como buscamos algo que mueva menos a risa y que sea un poco más objetivo, podríamos decir que cuando crezcamos en el entorno del dos por ciento un par de trimestres seguidos. ¿Bastará con esperar 3 trimestres más para ver algo así? Ojalá.