¡Jesús que tropa!

Mimo Titos

Decenas de miles de muertos se acumulan en China antes de que podamos sentirnos satisfechos de haber respondido apropiadamente a la catástrofe humanitaria de Birmania. Un par de decenas son también los policías locales detenidos en Coslada para los que, habida cuenta de los indicios recabados por la investigación, la consideración de presuntos criminales es manifiestamente generosa, con toda la gravedad que conlleva que los supuestos servidores de la ley llevaran años violándola sin que nadie pusiera remedio a sus desmanes. Pero no, el escándalo viene por el posible abandono, a decir de algunos portavoces del PP, de la defensa de España por parte del único partido que la defiende de verdad, con la  camisa abierta dejando entrever el pelo en el pecho.

Días agitados llevaba la oligarquía pepera, con relevos generalizados en el grupo parlamentario no bien asumidos por fichajes supuestamente estrella como Pizarro y Costa, cuyo mayor mérito para ocupar cargos de relevancia parecía ser la renuncia previa a grandes emolumentos en el sector privado. Zaplana, siempre listo, comprendió que debía irse y cogió las de Villadiego, digo las de Bruselas, con un milloncejo bajo el fajo. El pobre Acebes tardó algo más y no está claro que haya “pillado” tanto; siempre se le supuso menos canalla y algo más tonto, por ejemplo, capaz de aceptar la instrucción de salir a dar la cara e insistir en lo de las dos vías de investigación cuando los mandos policiales ya le habían confirmado que vía, lo que se dice vía, había una sola.

Para sorpresa de muchos, especialmente dentro de la aristocracia del partido, la Siempre Servicial Soraya, otherwise known as SSS, asumió el mando del grupo parlamentario popular y el pobre Rajoy pretendió así comenzar a formar “su propio equipo”, haciendo buenas las acusaciones de los últimos cuatro años de que en realidad concurría a las elecciones con el equipo del “dedazo”, con asesores y escuderos nombrados por otros y de los que no había sido capaz de librarse o siquiera se había atrevido a intentarlo.

Esta vez no. Antes de las elecciones Rajoy utilizó a Aguirre para dejar fuera de las listas a Gallardón, único barón que podía hacerle sombra desde dentro del hemiciclo en caso de derrota. Con anterioridad había consentido el sacrificio de Piqué, Matas y cualquier otro exponente del sector menos conservador del partido. De tal manera que, tras la derrota electoral que la ortodoxia no puede sino achacar al excesivo escoramiento a la derecha del partido, no cabía otro protagonista del viraje al centro que el propio Rajoy, “con su propio equipo”. 

Todos le aplaudieron y la inmensa mayoría segó la hierba bajo los pies de la pobre Esperanza, que animada por sus acólitos dejó entrever que estaba dispuesta a dar la batalla; prácticamente en solitario, al parecer. Los barones valenciano, gallego y andaluz salieron al quite rápidamente y la aristócrata madrileña no pudo sino plegar las velas que formalmente nunca había desplegado. En realidad ella se limitó a abrir un debate ideológico, dijo, del que nunca supimos los contornos más allá de que los socialdemócratas no la preferían a ella. Pero eso ya lo sabíamos, ¿o no?Lo curioso es que cuando parecía definitivamente abortada la posibilidad de sucesión, María la Santa se desligó de la ponencia por diferencias fundamentales, propiciando pronunciamientos críticos por parte de todos los próceres arrinconados por la renovación generacional patrocinada por Rajoy. Al parecer la Santa no habría podido comulgar con una ponencia que desvirtuara la idea de España que defiende el PP, redactada por un prócer del partido canario que no podía sino admitir la posibilidad de pactar con los partidos nacionalistas so pena de tener que apearse del gobierno autonómico insular. No, María de Arco tiene claro que ni el PNV ni el PSE aceptarán nunca gobernar con ella. Eso no debería ser un problema porque no fue la ambición de gobierno sino la heroicidad democrática la que la empujó a lanzarse al ruedo político cuando su mentor fue asesinado delante de ella. Y sin embargo, desde hace algunos años, su constitucionalismo primigenio ha derivado en discurso desleal para con sus otrora socios frente a ETA, por mucho que ETA siga atentando contra aquéllos, como en Mondragón. Da igual, Zapatero está con ETA, ha pactado con ETA y seguirá negociando con ETA. Y las últimas elecciones autonómicas vascas no las perdieron el PNV y el PP sino que las ganó ETA.

De la misma manera que la realidad no es capaz de desvirtuar su discurso, María Gil decidió desmarcarse de la ponencia política que sus compañeros presentaron ayer pese a que pusiera completamente en duda el compromiso del PNV contra ETA. Es posible que la ponencia se endureciera a raíz de su revuelta para tratar de devolverla al redil. Pero también es perfectamente posible que María la Santa haya dado el paso animada por el propósito de aglutinar a los marginados del poder peperí, más allá de las supuestas diferencias ideológicas entre duros como Trillo y supuestos blandos antaño democristianos como Jaime Mayor, que hoy se descolgaba promoviendo la resistencia, se supone que contra el Gobierno democráticamente elegido, lo que no deja de ser curioso.

Si Zapatero lo consiguió por qué no podría conseguirlo María San Gil? No sé si ella será de la cuadrilla pero estoy seguro de que no son pocos los cuadros medios populares que se sienten marginados y/o ofendidos por la reorganización interna, que están poniéndole velas a San Gil, perdón, a San Antonio, para que la Santa suscite un apoyo suficiente como para poder disputar el liderato al pobre Rajoy. Si Hernandez Mancha pudo por qué no podría hacerlo la Santa, con su permanente sonrisa y sus ceñidos vaqueros. Es pronto para decirlo pero María de Arco ha movido ficha y la primera jugada le ha salido bien. Como bien le viene al PSOE que la carcundia del PP siga conspirando para impedir el necesario giro al centro del partido sin el cual será prácticamente imposible que vuelva a gobernar.