Más allá de la consulta

Docrialbert

 Finalmente, se han cumplido los pronósticos. El Tribunal Constitucional ha prohibido la consulta del 9 de noviembre y el gobierno de la Generalitat ha acatado la sentencia. A partir de este momento, ha vuelto a desatarse la locura. Reuniones con contenidos secretos, ofertas de gobierno a ERC, ruptura del bloque soberanista, propuesta de sucedáneo de consulta, aceptación del ‘nuevo’ 9-N por parte de la ANC a cambio de elecciones anticipadas, negativa de CiU a aceptar dichos comicios y, finalmente, apuesta conjunta por el proceso participativo, cuando nos habían contado que el bloque por el derecho a decidir se rompía porque no se aceptaban paripés.

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Corrupción según mi abuelo

LNBL

Ahora que tratan de convencernos de que somos todos iguales porque no somos luteranos y que quien más quien menos ha pecado, ergo, lo de los políticos – mayoría del PP, por cierto – no es tan sorprendente; recuerdo una conversación con mi abuelo en la que le inquirí sobre la frontera entre los favores y la corrupción. Me vino a dar unos cuantos criterios bastante sabios. Primero, no es lo mismo ahorrarse un dinero que ganarlo. Segundo, mejor que si recibes algo sea un bien antes que su precio, es decir, mejor un regalo que su cuantía en metálico. Tercero, cuanto menor cuantía, mejor. Y cuarto, cuantas menos veces tengas que aplicar estos criterios para saber si estás obrando bien, mejor.

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Silencios

Barañain

En una época como esta, caracterizada por la inmediatez con que se transmiten toda clase de sucesos – nimios o trascendentales-, y por la sensibilización del cuerpo social ante la crisis económica y la correlativa degradación del sistema institucional, sorprende que los actores políticos destacados no hayan asumido aún  la necesidad de salir a la palestra con esa misma inmediatez cuando un nuevo mazazo –como el de ayer-, golpea a la opinión pública. En las circunstancias actuales, el silencio no debería ser una opción para los responsables políticos.

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Saturación

Lobisón

Quizá es un simple fenómeno de saturación, pero la incredulidad y la repulsión se han disparado tras las informaciones sobre la Operación Púnica. Ya es demasiado, tras la imputación contra el ministro Angel Acebes, los nuevos datos sobre pagos de la caja B en las obras de Génova, la apasionante saga de los Pujol, etcétera, etcétera. Hasta la propia Esperanza Aguirre se quedó sin habla en un primer momento al saber de la detención de Carlos Granados (dice que nunca había sospechado nada).

¿Cómo hemos llegado hasta aquí? Lo primero que hay que tener en cuenta es que  ‘fuentes jurídicas informan de que no se trata de una trama de financiación irregular de partidos, sino de gente que está en política, a la que se le acaba la carrera, y “se corrompe para lucro personal”’ (El País, 27 de octubre de 2014). No vale entonces remitirse a las deficiencias de la legislación sobre partidos o a la escasa transparencia de éstos. Es cierto que el cierre en falso del ‘caso Naseiro’ sentó un mal precedente y pudo hacer pensar a las cúpulas de los partidos que siempre se podía encontrar una salida. Pero ahora el problema no es ése.

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8 falacias del independentismo sobrevenido de izquierdas

 Lluís Bardolet

Hay personas, grupos y organizaciones (o partes de ellas) de izquierdas en Catalunya que en los últimos tiempos han pasado a ser defensoras de un proyecto independentista. Al analizarlo conviene distinguirlo del independentismo sobrevenido de derechas, que responde a otras razones y que merecería separadamente otro artículo. Ejemplos se pueden encontrar en algunos de los abajo-firmantes de las “esquerres pel sísí” (sí+sí es la opción independentista en la consulta que estaba planteada para el 9 de noviembre). En el caso que nos ocupa es algo que puede ser entendible en un contexto de repliegues nacionales en distintas partes de Europa, de hartazgo hacia las instituciones estatales (especialmente hacia sus mayorías de gobierno actuales), de acomodo intelectual con el “todo es culpa de Madrid”, de búsqueda urgente de alternativas y de preeminencia y movilización del debate “nacional”.  Puede ser que estos cambios – individuales o colectivos- sean activos, voluntarios y entusiastas o bien sean forzados por el deseo de no quedar desconectado del desplazamiento social habido. Lo que resulta más chocante es que esta evolución/despertar político-ideológico se justifique, se vista, se venda o se proyecte como un instrumento para construir una sociedad más justa y con mayor bienestar a coste cero (sea socioeconómico o convivencial, a modo de “apretar un botón”). Estos sectores deberían participar de un debate intelectualmente más riguroso y no prometer cosas que o no tienen que ver con la articulación territorial o se basan en pretender construir un “nosotros” más pequeño en un territorio relativamente más rico. Vistas las principales razones instrumentales (o de beneficio socio-económico) argumentadas se puede concluir que son falaces y/o en algunos casos no de izquierdas (en especial las relativas al “soberanismo fiscal”). Intentaré explicar estas falacias a partir de algunas de las consignas y frases hechas que más se oyen por estos lares:

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Obama: la soledad del último tramo

Barañaín

¿Puede ejercer de presidente de la nación más poderosa del planeta alguien a quien no le guste la política? En opinión de León Panetta – ex jefe de la CIA y ex jefe del Pentágono-, eso es lo que ocurre con Obama, lo que explicaría su incapacidad tanto para tomar decisiones difíciles como para ganar aliados.Con la publicación de sus memorias,Panetta se suma al coro de antiguos altísimos colaboradores de Obama que aprovechan esta fase final de su mandato para exteriorizar su particular ajuste de cuentas con el presidente, desvinculándose se sus decisiones más impopulares.

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No me da la gana

Pedro Luna Antúnez

Leopoldo de Gregorio, más conocido como el Marqués de Esquilache, llegó a España en 1759 con el propósito de modernizar la villa y corte de Madrid. Carlos III le había encargado el empeño de situar a Madrid a la altura de las grandes capitales europeas. Ciudades como París, Roma o Viena poseían grandes avenidas, estaban bien iluminadas y en las últimas décadas se habían adaptado a los parámetros urbanísticos del siglo de las luces. Por aquel entonces Madrid era una ciudad de callejuelas oscuras e inseguras que carecían de empedrado y de farolas. Madrid se había quedado anclado en la austeridad de las formas y en una estética más propia del siglo XVI que del siglo ilustrado. Las primeras medidas de Esquilache consistieron en ampliar la red de alcantarillado, empedrar las calles e instalar cerca de 4000 farolas en toda la capital. Sin embargo, las acciones no solo se limitaron a la mejora de las infraestructuras de Madrid sino que afectaron de pleno a las costumbres y a la vida cotidiana de los madrileños. Por ejemplo, se prohibió jugar a las cartas en las tabernas y portar armas de fuego. 

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Light…

Jon Salaberría

Cuando escribo estas líneas, lunes 20 de octubre, tanto el Partido Socialista como la opinión publicada hacen balance de la celebración, ayer, de las Elecciones Primarias para la designación de los/as candidatos/as (cabezas de lista) a los comicios autonómicos y locales que se celebrarán en una primavera de 2015 que se atisba ya muy cercana.  Un proceso que pretendía hacer a la militancia socialista copartícipe de las decisiones fundamentales de la organización y, si no superar, al menos modular los mecanismos de pura representatividad con una mayor carga de horizontalidad en la adopción de las mismas. Un compromiso que es, sin duda, el auténtico legado de Alfredo Pérez Rubalcaba en su difícil periplo al frente de la secretaría general. Un compromiso que se ha ido modulando desde su embrionaria conformación en la Conferencia Política del PSOE, y un compromiso que supone un cambio de cultura política: la irrupción de un proceso de decisión que es ajeno a la tradición de los partidos políticos españoles y que, sin embargo, empieza a hacer furor en las más diversas instancias. Desde los iniciales experimentos en los noventa del pasado siglo, los socialistas tienen el mérito de haber sido pioneros en esta forma de participación susceptible, cómo no, de ser mejorada.

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Podemos es sexy

Lobisón

 Todos conocemos rupturas de pareja en las que una de las partes decide reconstruir su vida con una persona que a sus amigos nos pone los pelos de punta. Y, aunque no puedo decir que tenga mucha experiencia en estos casos, sospecho que lo peor que puede hacerse es tratar de abrirle los ojos sobre los múltiples aspectos negativos o disfuncionales de su nuevo amor. Es bastante evidente, sin embargo, que esto es lo que hacemos —sobre todo los viejunos— cuando insistimos en clamar contra los infinitos puntos débiles de Podemos como opción política. El problema es que Podemos resulta sexy para muchos electores que han visto venirse abajo sus ilusiones sobre las opciones políticas a las que anteriormente apoyaban.

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